"El infierno esta vacío y todos los demonios están aquí" - William Shakespeare, La Tempestad
"Si viajas por el infierno, no te pares" - Winston Churchill
Ocurrió el 3 de Noviembre. Lo recuerdo porque era el cumpleaños de Eileen. Estábamos sentados en el balcón de un restaurante japonés, echando un vistazo a las luces de la ciudad. Era raro, una noche sin contaminación en el aire de Los Ángeles, y el cielo sobre nosotros estaba cuajado de estrellas.
"Mira", me susurró ella, agarrando mi mano y alzándola hacia el cielo. Una estrella fugaz estaba cruzando el firmamento. "¡Pide un deseo!".
Mientras la estábamos mirando, la estrella aumentó el brillo, y se unieron otras muchas más. Pronto el cielo se llenó de trazas de estelas de luz naranja. Murmuros de sorpresa se propagaron entre los otros clientes del restaurante. "¿Una lluvia de estrellas fugaces?" - En ese momento un sonido empezó a aumentar de volumen, como un gimoteo sostenido y distante. Yo me puse en pie, y el sonido siguió creciendo en oleadas, pasando de un lamento a un aullido.
Esto no era una lluvia de estrellas fugaces.
Una estrella fugaz atravesó la ciudad a lo largo y se estrelló contra un bloque de edificios, que se derrumbó en medio de una nube de llamas. Entre los gritos de asombro, una mujer se puso a chillar.
Formas metálicas extrañas volaban bajo, por encima de la ciudad. Uno de ellas se detuvo y apuntó hacia el balcón en el que estábamos. Las mesas volcaron y la cristalería se deshizo en un montón de trozos. Gritos y chillidos llenaron el aire y la multitud asustada buscó un sitio donde esconderse. Eileen gritó mi nombre al mismo tiempo que un proyectil partió el edificio a la mitad. La feroz explosión me arrojó por el balcón hacia el fresco aire de la noche. Cuando choqué contra el suelo, un montón de escombros ardientes y madera destrozada cayó sobre mí.
Después, perdí el conocimiento. ________________________________________
Han pasado dieciocho meses.
Dieciocho meses desde que desperté en la hierba de la colina, a los pies de las ruinas del restaurante. Dieciocho meses desde que perdí a Eileen. Dieciocho meses desde que ellos llegaron.
Los Ángeles era un montón de escombros humeantes. Los rumores en los campos de refugiados decían que los invasores estaban moviéndose hacia el Norte, hacia San Francisco, y hacia el Sur, a través de la frontera con México. Nueva York, según he oído, había desaparecido, simplemente dejó de existir. Al igual que el resto del país... demonios, ¿y el resto del mundo?, sería cuestión de tiempo. Yo decidí partir hacia el Este.
Conseguí que me recogieran en una camioneta, un modelo de esos con pila de hidrógeno, que cargaba con dos semilleros de cultivos hidropónicos. A Jaime y Umberto no les importó mi compañía, ni tampoco los paquetes de comida deshidratada que conseguí en los restos de una tienda de deportes en San Dimas.
Continuamos nuestro camino por carreteras secundarias, evitando las autopistas. Los Bane vigilaban siempre las autopistas.
Por supuesto no los llamábamos así. Jaime los llamó "Los Hombres Langosta de Marte". Dijo que era una vieja película de serie B que había visto. Nos reímos de ese nombre.
Nos enteramos que había un campamento de refugiados cerca de la frontera de Nevada. Umberto tenía un primo que había llevado a su familia allí, pero no había vuelto a saber de él desde hacía semanas. A pesar de que su teléfono móvil aun tenía batería, todas las torres repetidoras habían sido derribadas. "Esos Hombres Langosta son listos", bromeó Umberto. Esta vez no nos reímos tanto.
Poco tiempo después del amanecer, llegamos al campamento, o lo que quedaba de él. Encontramos pilas de cuerpos quemados. Hombres, mujeres y niños asesinados sin piedad. Después de eso ya no hubo bromas acerca de los invasores. Los enterramos de la mejor manera que pudimos, y después lloramos como bebés.
Tiempo después, en una zona al Sur de Flagstaff, nos encontramos con un puesto fronterizo de los Bane. Por aquél entonces ya habíamos tenido suficiente. Si nuestros días estaban contados, mejor llevarnos por delante todos los que fuera posible. Yo tenía una pistola sónica, una Audiodyne especial de la policía, con solo un cargador de munición. Umberto tenía una vieja y rústica escopeta. Jaime había hecho varios cócteles molotov a partir de botellas vacías de Corona y trozos de trapos.
Duramos unos tres minutos. Creo que pudimos herir a uno de ellos. Umberto fue cortado a la mitad por una especie de proyectil de plasma. Aun puedo oír los gritos de Jaime cuando su cuerpo fue incendiado en llamas. Todavía no sé como pude escapar vivo de allí, pero lo hice. Estuve vagabundeando dos días hasta que me desplomé exhausto.
Desperté esa noche bañado por una luz brillante, un remolino de polvo, y el ensordecedor aullido de un motor. Alcé mis manos sobre mi cabeza según aparecían unas sombrías figuras armadas en medio de la noche.
"Esta bien, hijo. Somos de la AFS". Era una voz grave y carraspeante, pero una voz humana a fin y al cabo.
"¿La AFS?"
"Los Aliados Perceptivos Libres. Somos buenos tipos"
Fue a su líder, el Comandante Taylor, a quien por primera vez le oí usar la palabra "Bane". Él me dijo un montón de cosas que no tenían ningún sentido. También me dijo que la AFS era una resistencia armada que hacía frente a los invasores en un lugar llamado "Foreas". Yo pregunté si eso quedaba en Texas. Él y sus hombres parecieron pensar que lo que dije fue muy gracioso.
Embarcamos en una nave militar de transporte - Creo que la llamaban Puercoespín - y viajamos durante varias horas. No tenía ni idea de a dónde me llevaban.
Mientras escribo esto, estoy tumbado en una litera en alguna clase de base subterránea. Puedo oír explosiones contundentes más allá de los muros. Ellos me dijeron que los Bane se están moviendo otra vez, y que tenemos que llegar a Foreas tan pronto como sea posible. Dijeron que vamos embarcar hacia allí por la mañana.
No tengo ni idea de dónde queda Foreas o de cómo vamos a llegar allí, pero lo que sí sé es que los Bane me arrebataron todo lo que tenía. Todo. Absolutamente todo.
Tabula Rasa. Borrón y cuenta nueva.
Es un nuevo comienzo. Hoy mi vida tiene un propósito. Hoy sé quién soy. Soy un soldado. Un soldado de la AFS.